Había una vez cuatro individuos llamados Todo el Mundo, Alguien, Nadie y Cualquiera. Siempre que había un trabajo que hacer, Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. Cualquiera podría haberlo hecho, pero Nadie lo hizo. Cuando Nadie lo hizo, Alguien se puso nervioso porque Todo el Mundo tenía el deber de hacerlo. Al final, Todo el Mundo culpó a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho.
lunes, 10 de septiembre de 2012
sábado, 1 de septiembre de 2012
viernes, 31 de agosto de 2012
Los nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano
jueves, 30 de agosto de 2012
El Artículo 35
"Quand le gouvernement viole les droits du peuple, l'insurrection est pour le peuple, et pour chaque portion du peuple le plus sacré des droits et le plus indispensable des devoirs."
Déclaration des droits de l'homme et du citoyen 1793
Déclaration des droits de l'homme et du citoyen 1793
lunes, 7 de mayo de 2012
Si no cambiamos de carril, nos estrellamos
"Temednos que ya llegamos" no, no es Falete y sus amigos entrando en un buffet libre, es el líder neonazi griego Nikos Michaloliakos entrando en el parlamento griego. La extrema derecha avanza en Europa, al caso griego se suma el histórico resultado de Marine Le Pen en la primera vuelta de las elecciones francesas. Si no somos capaces de volver al crecimiento y a la generación de empleo, el desasosiego y la frustración de la ciudadanía pronto se materializará con más partidos populistas y reaccionarios en los parlamentos del continente como ya ocurrió en los años treinta del pasado siglo, con los desastrosos efectos que ello tuvo. Espero que la elección de Hollande sirva para dejar a un lado la obsesión por la austeridad en la Unión Europea y se haga incapié en la reactivación económica.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Buenos días Anacleto
Anacleto era un hombre mayor y arrugado, se notaba que el tiempo había dejado marca en la piel de su rostro. Años de alegrías y de lágrimas podían intuirse en sus ojos y boca. Sin embargo pese a su apariencia desgastada Anacleto tenía una mente despierta, lúcida, capaz de captar todos los matíces que su entorno le ofrecía. Aún recordaba con precisión qué había desayunado, cómo había dejado a su nieto en la escuela e incluso podía enumerar todas y cada una de las cosas que llevaba en su viejo maletín.
Anacleto compró el periódico y se dirigió a la estación. Allí compró un billete y subió al tren. Se sentó en el primer asiento libre que encontró y aunque el tren iba casi vacío Anacleto podía escuchar a un par de mujeres sentadas al fondo del vagón.
Al cabo de dos horas el tren había llegado a su destino, bajó y tomó un enorme bocanada de aire. Aquello le quitó diez años de encima de un plumazo. Anacleto salió de la estación y caminó hacia el centro del pueblo. Aunque estaba un poco despistado recordó el camino, al fin y al cabo lo había recorrido centenares de veces hace ya demasiados años. Empezó a recordar todos aquellos lugares, la fuente de donde salía un potente chorro de agua helada, el banco de piedra junto a la puerta de la iglesia, la chimenea humeante de la panadería, los adoquines de la calle, la plaza donde tocaba la orquesta en verano y un poco apartado, en lo alto de la colina estaba el castillo que tan buenos recuerdos le traía. Se sentó a contemplar todo aquello con ojos curiosos, como si fuera un turista recién llegado de la ciudad. Una persona se acercó a él por detrás, le tocó levemente el hombro y soltó un alegre "¡Buenos días Anacleto!". Era ella. Anacleto sonrió y pudo disfrutar de unos de esos breves y escasos instantes de pura felicidad.
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