martes, 19 de abril de 2011

El pescador y el banquero


Un banquero estaba en el muelle de un pueblecito de la costa cuando llegó una pequeña barca con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes de buen tamaño. El banquero elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había llevado pescarlos. El pescador respondió que sólo un rato. El banquero le preguntó que por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado. El pescador contestó que tenía suficiente para mantener a su familia y sus necesidades. El banquero le preguntó qué hacía con el resto de su tiempo. 
El pescador dijo: “Duermo hasta tarde, pesco un poco por las mañanas, juego con mis hijos, me echo la siesta con mi señora, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco la guitarra con mis amigos. Tengo una vida agradable.”
El banquero replicó: “Tengo una idea que podría ayudarte. Deberías pasar más tiempo pescando y con lo que ganes comprar un bote más grande y, con los ingresos del bote más grande, podrías comprar varios botes; incluso podrías tener una flota de barcos pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a una fábrica de conservas, incluso podrías abrir tu propia fábrica. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a la capital, desde donde dirigirías tu empresa.”
El pescador le preguntó: “¿Pero cuánto tiempo tardaría en hacer todo eso?”
A lo cual respondió el banquero: “Entre 10 y 15 años”.
“¿Y luego qué?”, preguntó el pescador.
El banquero se frotó las manos y se rió “Esta es la mejor parte, cuando llegue el momento podrías vender las acciones de tu empresa. ¡Serás rico! ¡Millonario!
El pescador intrigado dijo: "Suena muy bien, ¿y luego qué?”
El banquero pensando que ya había convencido al humilde pescador contestó: “Luego te puedes retirar. Te compras una casa en un pueblecito de la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco por las mañanas, jugar con tus hijos, echarte la siesta con tu mujer, salir por las noches a tomar algo y divertirte con tus amigos. Nada de preocupaciones. Lo que llamaríamos una vida agradable.”
Y el pescador sorprendido respondió: “¿Y acaso eso no es lo que ya tengo?”

"No son la riqueza ni el esplendor, sino la tranquilidad y la ocupación los que dan la felicidad"  Thomas Jefferson

sábado, 9 de abril de 2011

Recuerdos de colegio

Ya han pasado unos cuantos años, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Esta fue una de las primeras poesías que me hicieron recitar en clase de literatura. No puedo olvidar aquel día, me sudaban las manos, me temblaba la voz y me dio un vuelco el corazón cuando la profesora dijo mi nombre para que saliera a la pizarra pero al final salió bien, no fue tan horrible. Y desde entonces le guardo un especial cariño a este precioso poema de Espronceda, uno de los grandes escritores del Romanticismo en España.
La canción del pirata
Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, El Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín.
La luna en el mar riela en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío
sin temor, que ni enemigo navío ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.
Veinte presas hemos hecho a despecho del inglés, y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo más de tierra; que yo aquí tengo por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa, sea cualquiera, ni bandera de esplendor, que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
A la voz de "¡barco viene!" es de ver cómo vira y se previene a todo trapo a escapar; que yo soy el rey del mar, y mi furia es de temer.
En las presas yo divido lo cogido por igual; sólo quiero por riqueza la belleza sin rival.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte! Yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna entena, quizá en su propio navío Y si caigo, ¿qué es la vida? Por perdida ya la di, cuando el yugo del esclavo, como un bravo, sacudí.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
Son mi música mejor aquilones, el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del negro mar los bramidos y el rugir de mis cañones.
Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, yo me duermo sosegado, arrullado por el mar.
Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.
José de Espronceda, Poesías, 1840

miércoles, 6 de abril de 2011

¿Manifestantes?

Foto: Danish Ismail / REUTERS
Los antidisturbios usaron cañones con agua de color violeta contra unos manifestantes contrarios al gobierno en Srinagar en la India. Desde luego la realidad supera a la ficción.

Exposition "Brassens ou la liberté"


BRASSENS ou la liberté
Qui ne connaît pas Brassens? Tout le monde a chantonné un jour l’une de ses chansons : Le Gorille, Les Amoureux des bancs publics, Auprès de mon arbre et bien d’autres. L’homme est installé dans la mémoire collective avec l’image parfois consensuelle du père tranquille que l’on chante en famille au coin du feu ou celle de l’ami qui nous rassure.

Il est temps de redécouvrir que derrière la figure fleurant bon la France d’antan, se cache un individu rare, hautement lettré, fin connaisseur des grandes figures de la poésie française, et aussi un formidable musicien pétri du swing et amoureux de Charles Trenet ; un libertaire qui choisira une voie individuelle plutôt que les combats collectifs, sans renier ses convictions, s’opposant à la guerre, à la morale bien-pensante ou à l’arbitraire de la justice et de la police ; une force tranquille, inébranlable dans le tourbillon du succès, qui n’a jamais suivi que sa petite musique intérieure.

La scénographie de cette première rétrospective consacrée à l’artiste a été confiée à des artistes-décorateurs de cinéma. Christian Marti, Antoine Fontaine et Gladys Garot ont imaginé un écrin fait de matériaux bruts et de tulles tendus, créant plusieurs atmosphères dans lesquelles les visiteurs découvriront un Brassens immortalisé par les photographes Robert Doisneau, Jean-Pierre Leloir et PierreCordier. Les dessins de Joann Sfar, répartis tout au long du parcours, sont à l’image de son univers : sagace, drôle, déroutant. Mis en scène par le graphiste Philippe Ravon, ils dialoguent avec les œuvres ; illustratifs, monumentaux, ils éclairent à leur façon la vie de Brassens et racontent des histoires – celles qui ont émaillé la vie du chanteur comme celles que le dessinateur a imaginées pour le public.

Le parcours musical de l’exposition offre au public le Brassens qu’il aime et d’autres pépites inédites. Il permet d’entendre des archives sonores méconnues réunies par Clémentine Deroudille, et un univers musical confié au musicien Olivier Daviaud, rassemblant de nombreuses chansons de l’artiste, mais aussi plusieurs textes inédits.

L’exposition recèle aussi de multiples surprises pour que parents et enfants puissent partager l’exposition. Dans « Brassens ou la liberté », les enfants sont libres de faire ce qu’il n’ont pas le droit de faire habituellement : voler des bijoux, tirer les poils du chat, parler de travers, se prendre pour Brassens, toucher des guitares…
Date : Du Mardi 15 Mars 2011 au Dimanche 21 Août 2011
Lieu : Cité de la Musique (Paris 75019)
Horaire : du mardi au samedi de 12h à 18h / Nocturne le vendredi > 22h (sauf juillet et août). Le dimanche de 10h à 18h.
Tarif : 10 euros

martes, 5 de abril de 2011

Pueblos abandonados

Ayer leía en el periódico que en España ya hay más de 47 millones de habitantes. Son muchos, pero aunque cueste creerlo, en este mundo superpoblado están desapareciendo pueblos enteros, de hecho ya han desaparecido. La emigración a las ciudades, la falta de oportunidades, la escasa natalidad han llevado a la extinción a un buen puñado de pueblos en todo el país. Regiones enteras se han vaciado, por poner un ejemplo, Soria es la provincia española menos poblada y con menor densidad de Europa y toda su población cabe en el Estadio Camp Nou. Las provincias de Teruel, Cuenca y Huesca entre otras están en una situación parecida.
La despoblación es un problema en muchas comarcas españolas, las imágenes de las caravanas del amor en las que se lleva a mujeres solteras a pequeños pueblos con la esperanza de que surja alguna pareja parecen sacadas de alguna antigua película, pero son una realidad en numerosos lugares. En algunos de ellos, ofrecen casas a buen precio y condiciones ventajosas para atraer a nuevos habitantes, por ejemplo, el ayuntamiento del pueblo soriano de Retortillo de Soria ofreció un puesto de trabajo y un alquiler de 150 euros por vivienda a las familias que se instalaran en el pueblo. Sin embargo, otros municipios no tuvieron tanta suerte, los esfuerzos por evitar la despoblación cayeron en saco roto y se quedaron vacíos. Cero habitantes. Dejando un panorama desolador, más propio de un largometraje sobre el fin del mundo. 

Pasear por esos pueblos fantasma es una sensación desconcertante. Uno tiene la impresión de haber dado un salto en el tiempo, como si visitáramos unas ruinas milenarias olvidando que hasta hace unos pocos años esos pueblos estaban llenos de vida. 
Existen algunas iniciativas para recuperar estos lugares abandonados. Se venden pueblos enteros, inmensos terrenos a buen precio y que en alguna ocasión guardan auténticos tesoros, como castillos, atalayas, iglesias románicas o viejos molinos. En otros se instalan personas que poco a poco los reconstruyen con sus propias manos. Y desde hace algunos años se están dando casos de personas y familias que abandonan la ciudad y se trasladan a pequeños pueblos, donde gozan de una mejor calidad de vida en un entorno natural y tranquilo, huyendo del ruido, la contaminación y el agobio de las ciudades.


La página web www.pueblosabandonados.es ofrece abundante información sobre este tema: localización, proyectos de repoblación, información actual sobre el tema, Okupación rural, ONG's que llevan acabo actividades dirigidas a la rehabilitación etc. En definitiva se trata de una herramienta para todas aquellas personas interesadas en repoblar el medio rural. Igualmente, plataformas como Soria ¡Ya! o Teruel existe han hecho campañas advirtiendo de la despoblación y denunciando el abandono del medio rural por parte de las Administraciones Públicas.


Minas antipersonal

Hoy, 4 de abril, se celebra el día internacional contra las minas antipersonal. Hoy es un día para recordar a los miles de víctimas que en cada rincón del mundo sufren este terrible problema. Aprovechando la ocasión también es imprescindible lanzar un grito de indignación y rabia por el uso actual de estas armas por parte de numerosos países.
Las minas antipersonal son un tipo de artefacto explosivo especialmente perverso. Están diseñadas para herir o mutilar al pobre infeliz que se cruza en su camino. Se utilizan en conflictos armados para colapsar los servicios médicos del enemigo: un herido es mucho más difícil y caro de mantener que un muerto y encima se le pone fuera de combate a él y a quien le socorre. Del mismo modo, estas armas tienen un efecto psicológico terrible en los soldados y degradan la moral de la tropa de manera muy eficaz. Las minas antipersonal se convierten en una verdadera arma de destrucción masiva y causan víctimas muchos años después de ser instaladas y, sobretodo, lo que las hace verdaderamente dañinas es que la inmensa mayoría de sus víctimas son civiles, siendo especialmente vulnerables los niños que no saben reconocerlas y se exponen a un grave peligro.
Como he dicho antes, el verdadero peligro de las minas antipersonal es que permanecen activas durante años y es precisamente después de los conflictos cuando suponen un terrible peligro para las poblaciones puesto que la inmensa mayoría de las víctimas se producen después de haber concluido la guerra. Si a esto sumamos el hecho de que dichas minas hacen que caminos y campos de cultivo queden inservibles hasta que se realizan las operaciones de desminado, los efectos sobre la población civil se multiplican. Además, el desminado de amplias zonas es enormemente caro y lento, requiere de equipos y personal cualificado.
Aún quedan en activo varios millones de minas antipersonal a lo largo y ancho del mundo. Los países más afectados son Afganistán (entre 5 y 7 millones de minas), Angola (6 millones), Camboya (entre 4 y 6 millones), Bosnia (un millón de minas) y varios otros como Mozambique, Irak, Sahara Occidental, Colombia...
Pese a sus terribles efectos todavía existen países que continúan teniendo millones y millones de minas en sus arsenales (se calcula que poseen un stock de entre 180 y 185 millones de minas antipersonal), entre los que destacan grandes potencias como Estados Unidos, China, Rusia y otros países como Irán, Israel, Marruecos, Arabia Saudí, Cuba o la India.
Afortunadamente se han conseguido importantes avances en las últimas décadas. En 1999 entró en vigor la Convención sobre la prohibición de minas antipersonal, también conocido como el Tratado de Ottawa. Este tratado internacional de desarme prohibe el uso, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales y promueve la destrucción de las ya existentes. A fecha de hoy este tratado ha sido firmado por 156 países pero aún son 37 países (entre ellos las principales potencias militares del planeta) los que no han firmado.
Esperemos que continúen estos avances y que cada vez más países se comprometan a no utilizar estos artefactos y podamos tener un mundo libre de minas antipersonales. Para ello es necesario presionar a los gobiernos para que prohíban su producción y distribución y se comprometan a destruir sus arsenales.
Finalmente, las minas antipersonales son sólo la punta del iceberg, existen muchas otras armas ampliamente utilizadas cuyos efectos son nefastos para la población civil como por ejemplo las bombas de racimo.

Campaña Remángate llevada a cabo en Colombia:

viernes, 1 de abril de 2011

Obsolescencia programada

Aquí está el peor invento del siglo XX. La definición técnica de este gran invento es la siguiente, se trata de la planificación del fin de la vida útil de un producto con el objetivo de que este se vuelva obsoleto, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado previamente por el fabricante. Es decir, por poner un ejemplo, que un fabricante de impresoras decidirá cuantas copias podrá realizar la impresora que acabas de comprar antes de que se bloquee o falle. Resumiendo, el fabricante reduce deliberadamente la vida útil del producto. 
La pregunta es, ¿y para qué? ¿Qué gana un fabricante vendiendo productos que se estropean demasiado pronto? El motivo es, desgraciadamente, el dinero. Los fabricantes buscan aumentar la tasa de reemplazo de sus productos, de esta manera, estimulan la demanda artificialmente (si antes una lavadora duraba 8 años de media y actualmente solo 5, la demanda de este producto es evidentemente mayor). La demanda aumenta, los fabricantes responden a esa demanda aumentando la producción y de este modo venden más, el negocio está hecho. 

Desde un punto de vista económico, la obsolescencia programada se basa en dos principios fundamentales. En primer lugar, el fabricante o los fabricantes que aplican esta técnica deben encontrarse en situación de monopolio, duopolio u oligopolio. Se trata de una situación de mercado imperfecto (un número pequeño de fabricantes que tienen poder de mercado y la capacidad de ponerse de acuerdo y pactar precios: cartel). En efecto, cuando se trata de un mercado abierto, con competencia perfecta, es difícil imponer a los consumidores productos de vida limitada (al haber competencia los consumidores irán a buscar productos más longevos o de mejor calidad) aunque no quiere decir que en este tipo de mercados no se aplique la obsolescencia programada.  
En segundo lugar, la vida útil planificada del producto debe ser secreta de modo que el consumidor no pueda elegir teniendo toda la información. Si este dato fuera público, la elección del consumidor se vería probablemente afectada.

Esta estrategia tiene dos principales víctimas, por un lado el consumidor, tú y yo, que recibe un producto con una vida limitada artificialmente sin saberlo. Por otro lado, el planeta. Este sistema de obsolescencia programada  anima al consumo, a comprar cada vez más y más. Comprar, tirar, comprar. Desde luego no es sostenible porque se trata de un sistema que no tiene en cuenta que los recursos de los que disponemos son limitados.

Existen muchos tipos de obsolescencia programada. El fallo funcional de un producto cuya reparación es más costosa que la compra de uno nuevo. También se puede producir de un modo indirecto retirando del mercado productos asociados imprescindibles para el funcionamiento de otro (un teléfono móvil será inservible si el cargador que utiliza deja de ser comercializado, o si dejan de suministrar piezas de recambio para mi viejo automóvil...etc). Finalmente algunas incompatibilidades provocan la obsolescencia de productos: hacer que un producto sea inútil porque no es compatible con las nuevas versiones (se trata de un tipo de obsolescencia programada muy utilizada en productos informáticos).

La obsolescencia programada fue desarrollada en los años veinte y treinta del pasado siglo. Los pioneros en aplicar esta técnica fueron los fabricantes de bombillas con el famoso Cartel Phoebus. En 1924 la vida media de una bombilla era de 2500 horas, un acuerdo entre la mayoría de fabricantes en el mundo buscó reducir costes a través de la estandarización de los componentes y limitó la vida de las bombillas a unas 1000 horas para hacer el negocio mucho más lucrativo. Más tarde, durante la Gran Depresión en los años treinta, la obsolescencia programada fue utilizada para superar la grave crisis aumentando el consumo y así relanzar la economía. Después, en los años cincuenta, la obsolescencia programada cambió de cara, ya no se trataba de hacer productos de peor calidad, sino de utilizar el diseño para que los productos parecieran viejos y anticuados cada poco tiempo de modo que el consumidor sintiera la necesidad de reemplazarlos (obsolescencia estética). Entramos aquí en la utilización de técnicas de marketing para convencer a los consumidores de que deben comprar nuevos productos (con pequeñas mejoras y un diseño mucho más moderno y atractivo) y tirar los antiguos (aún cuando funcionan correctamente): se busca crear en el consumidor la necesidad de reemplazar. Y así llegamos hasta nuestros días, en los que la obsolescencia programada está a la orden del día: impresoras, baterías, microprocesadores, coches, electrodomésticos...

Cosima Dannoritzer ha dirigido un documental titulado "Comprar, tirar, comprar" coproducido por Arte France, Televisión Española y Televisió de Catalunya en el que se trata precisamente el tema de la obsolescencia programada y sus consecuencias. Merece la pena echarle un vistazo.
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